miércoles, 11 de abril de 2007

Hogar, cálido hogar

Convencido de que el infierno era cosa del pasado, ya desde niño vengo pecando de forma recurrente. A sabiendas de que el único destino posible es el cielo, supuse que podía dejar a mi sentido común la labor de discernir entre qué era o qué no era correcto.
Sin embargo, llevo dos semanas sumido en la más profunda tristeza tras conocer la verdad. Sí, ahora sé que me equivocaba, y que el infierno es mi único último hogar posible. Porque he pecado, y mucho; porque el sentido común no es capaz de diferenciar entre bueno y malo, porque lo legalmente correcto (según la ley de Dios) resulta tan peculiar en algunos casos, que sólo una mente retorcida hubiera sabido actuar correctamente.
En fin, ya me veo bajando al infierno, un yo desenfocado de la mano del viejo Virgilio. Tengo curiosidad por ver qué tal canta Homero y si Helena de Troya es tan bella como se dice.
En cualquier caso, os podéis ir preparando, a vosotros también os va a tocar, unos más abajo, otros más arriba, pero en el mismo sitio, en definitiva. El ángel del rabo rojo ya debe de haber contactado con Zaplana, va a ser necesario recalificar muchos terrenos, porque con sólo nueve círculos no vamos a ningún lado.

martes, 10 de abril de 2007

The Spanish Con


Con: a dishonest trick or business ploy that takes advantage of somebody's trust, e.g. telling lies in order to get money or property unfairly.

What if the most powerful economic engine of the country was just a con? (Con-s-truction).

Note: I do not mean this particular company is run by a con man or that he is cheating his customers, I would not like to be misunderstood.

viernes, 6 de abril de 2007

La Madrugá infantil (II)

Solo tengo seis años y ya puedo decir que anoche Sevilla se volvió loca y se pasó la noche viendo pasar estatuas por la calle. Papá volvió de misa por la tarde diciendo que había sido un mal día y que la cena no podría ser mucha y que por eso nos teníamos que conformar con un huevo y unas patatas fritos con aceite del claro. Yo no me lo creí, porque la iglesia estaba llena y eso siempre quiere decir que papá recibe más limosnas y que podemos cenar mejor, pero él dice que estos días la gente sólo se acuerda de su señor y que todas las limosnas son para comprar flores y velas y adornos caros.
Mamá dice que con el dinero que se gastan las hermandades en los pasos podríamos vivir mucho tiempo y que la culpa la tiene la iglesia y que yo nunca crea lo que me dicen los curas porque sólo quieren vivir bien y que no pensemos. Yo no sé si tiene razón pero le digo que sí y ella se pone contenta, y es que ella se lo merece todo, mis abuelos no se lo dieron, mi padre se lo intenta dar y yo seguro que se lo daré.

La Madrugá infantil (I)

Sólo tengo seis años, suficientes para afirmar que la de hoy ha sido una de las noches más emocionantes de mi vida. En la calle toda la madrugada, he podido contemplar cómo se paseaba la imagen del Señor por toda la ciudad, ante la desolada mirada de miles de personas, venidas de todo el mundo. Entre todos hemos revivido su poder, hemos guardado estricto silencio a su paso y sólo se oían algunos sollozos y algunos vivas.
Sí, yo también he llorado, es que siento una profunda tristeza cuando veo cómo sufrió por nosotros, cómo se sacrificó por que nosotros pudiéramos vivir. Por eso tenemos que adornar su paso con las mejores flores, con los mejores tejidos, por eso hay que paralizar la ciudad para que todo el mundo pueda contemplar a su Señor. Nos debemos a Él. Lo merece todo, mis abuelos se lo dieron, mis padres se lo están dando y yo se lo daré.

lunes, 2 de abril de 2007

En taxi bajo la lluvia

Hace unas horas he llegado a Pamplona, surcando los mares, o los ríos que parecen mares. Por momentos parecía que la autopista iba a ser engullida por las avenidas, que el coche se iba a sumergir para hacer una visita al fondo submarino. Por suerte no ha sido necesario hacer una incursión subacuática (total, con el agua tan movida, hubiera sido inútil sumergirse, la nula visibilidad me hubiera impedido admirar la fauna y la flora del fondo del río).
Habiendo dejado mis cosas en la habitación he subido al taxi que me tenía que llevar a cenar. Uno tiene un par de muletillas preparadas para estas ocasiones; además de las habituales, y para huir de asuntos de política nacional y autonómica, hoy la carrera la podía acompañar una discusión sobre las nuevas ambulancias Porsche, encargadas por el ministro de sanidad búlgaro, con préstamo del Banco Mundial.
Inocente de mí, con ese tema no ha habido ni para comenzar. Como el primer restaurante que he mencionado al parecer tenía acceso por una carretera cortada por la lluvia, he cambiado de elección. El taxista a su vez, me ha hecho su recomendación, para probar algo nuevo, a lo que, como no, he accedido. Pues bien, hemos llegado a un primero, cerrado; a continuación a un segundo, cerrado; seguidamente a un... "Allí al fondo hay uno...", "Si no le importa, mejor vayamos al segundo que le dije, no vaya a ser que me quede tirado en un sitio que no conozco y con un restaurante cerrado, es que no conozco la ciudad, disculpe". Es decir, que tras dar unas cuarenta vueltas a la ciudad hemos vuelto a la primera alternativa al restaurante anegado. No hay que decir que mis muletillas del día han resutado insuficientes, nos ha dado tiempo de repasar el Diario de Navarra de cabo a rabo.
En fin, así ha sido mi llegada. Por cierto, para aquellos catalanes como yo que deben estar temiéndose lo peor, el coste de la carrera ha sido razonable, es decir, sorprendentemente inferior al de una carrera media en Barcelona.