Convencido de que el infierno era cosa del pasado, ya desde niño vengo pecando de forma recurrente. A sabiendas de que el único destino posible es el cielo, supuse que podía dejar a mi sentido común la labor de discernir entre qué era o qué no era correcto.Sin embargo, llevo dos semanas sumido en la más profunda tristeza tras conocer la verdad. Sí, ahora sé que me equivocaba, y que el infierno es mi único último hogar posible. Porque he pecado, y mucho; porque el sentido común no es capaz de diferenciar entre bueno y malo, porque lo legalmente correcto (según la ley de Dios) resulta tan peculiar en algunos casos, que sólo una mente retorcida hubiera sabido actuar correctamente.
En fin, ya me veo bajando al infierno, un yo desenfocado de la mano del viejo Virgilio. Tengo curiosidad por ver qué tal canta Homero y si Helena de Troya es tan bella como se dice.
En cualquier caso, os podéis ir preparando, a vosotros también os va a tocar, unos más abajo, otros más arriba, pero en el mismo sitio, en definitiva. El ángel del rabo rojo ya debe de haber contactado con Zaplana, va a ser necesario recalificar muchos terrenos, porque con sólo nueve círculos no vamos a ningún lado.


