domingo 27 de abril de 2008

Sant Jordi

22.30, salgo de la oficina hacia una de esas floristerías abiertas 24 horas, la única, de hecho, que en Barcelona tiene ese horario. Al llegar, una cola de hombres todavía trajeados me hace sentir que no soy, ni mucho menos, el único qu se encuentra en esa situación.
Como si estuviéramos sobre la cinta de una cadena de montaje, vamos avanzando poco a poco, y, ya ensamblados, salimos por la floreada puerta, todos vestidos igual, todos con el mismo ramo de rosas.
Al llegar a casa, me esperará mi particular ramo de libros: "Los crímenes del amor", "El retrato de Dorian Gray", "Historia de la fealdad" y "Sauce ciego, mujer dormida".

miércoles 16 de abril de 2008

La teniente Chacón

Hoy han sido varias las personas que me han preguntado cuál era mi opinión respecto al nombramiento de Carme Chacón como nueva ministra de defensa.
En realidad no he estado demasiado atento a los últimos acontecimientos políticos del país, no sé cómo se ha desarrollado el debate de investidura, no sé cuáles han sido las reacciones de partidos opositores..., en definitiva, sé todavía menos que el mismísimo Sócrates. No es que me enorgullezca por estar absolutamente desconectado de la actualidad política, de hecho, me hace sentir extraño. Y es que, en un momento en que mi particular actualidad se reduce a indicadores económicos, a protagonistas de suspensiones de pagos o a "performances" (perdonad, pero es un poco tarde como para pensar en la palabra exacta) de mercados exitosos, el hecho de que el nuevo ministro de defensa español sea mujer es cicunstancial.
A simple vista, el nombramiento es extraño, seguramente pueda parecer equivocado. Es difícil pensar que una mujer y, además, una mujer embarazada, pueda considerarse como uno de los principales jefes del aparato militar estatal. Uno podría imaginarse para un puesto así a individuos de perfil absolutamente opuesto.
Sin embargo, y pese a no compartir la elección, es cierto que el giro que puede darse al concepto de ministro de defensa es tal, que puede valer la pena el riesgo asumido. En una sociedad en que el estamento militar sigue derroteros similares al religioso, en cuanto a tendencia de popularidad a la baja, es la opción ideal para convertir "las pistolas" en algo secundario. "Toma Carme, te doy este ministerio que es de los importantes, aunque tú y yo sabemos que aquí no pintamos nada, ni tú ni yo. Por cierto, sólo estarás una temporada, tu próximo cometido será sustituir a Rouco".
No sé cuál será la reacción de los militares que reciban la visita de la flamante ministra en cualquiera de sus nada envidiables destinos, imagino que no faltarán las bromas de mal gusto. Ahora bien, si Trillo fue capaz, es indudable pensar que Chacón también lo será; de lo contrario... siempre hay segundas oportunidades, preguntadle a Doña Magdalena Álvarez.

jueves 10 de abril de 2008

Examen de mates

lunes 7 de abril de 2008

¡Anda, el blog!

Como si de un dulce desayuno se tratara, hoy me he llevado las manos a la cabeza exclamando: "¡Ahí va, el blog!" Y es que ya ha transcurrido casi un mes desde la última actualización.
Si bien Semana Santa estuvo por medio, con unos días en los que puse en práctica mi nula técnica como esquiador de la que guardo todavía como recuerdo una leve cojera, es demasiado tiempo como para poder justificarlo. Uno, ya lo véis, es un poco dejado, a veces.
Aquí estamos de nuevo, esta semana... un par de entradillas

martes 11 de marzo de 2008

Paradojas de la radio

En el portal de un viejo edificio de una apartada calle me confirman que sí, que en la séptima planta hay una radio. Entro contrariado, esperaba un gran cartel, un letrero luminoso, un moderno hall con guardia de seguridad y cámaras de vigilancia, me encuentro sin embargo con una entrada que bien podría ser la de cualquier edificio de viviendas de los años 70, un corredor con sobrias paredes pintadas de blanco ensuciadas por el tiempo, una sedienta planta en el rincón y, a la derecha, un amenazador ascensor que anuncia su llegada con un gran estruendo. Ya en la séptima planta, veo un rótulo en la puerta que efectivamente reza el nombre de la emisora.
Son las ocho de la tarde, las luces están apagadas y no se ve nadie en el mostrador. No pierdo tiempo en buscar un timbre, empujo suavemente la puerta por si la encuentro abierta. Efectivamente, puedo entrar en la oscura y descuidada recepción.
Tras breves segundos pensando si continúo avanzando por la aparentemente abandonada emisora veo que, al fondo, hay una luz encendida. Me dirijo a ella cruzando un par de puertas más.
Tras un cristal, puedo ver a la única persona que sigue trabajando. Un locutor que aparenta rondar los sesenta años que sostiene apesadumbradamente su cabeza con una mano mientras con la otra mueve alguno de los controles que tiene ante sí. Busco con mi mirada alguna luz roja encendida, a poder ser, como en las películas, con las letras "on air". No la encuentro, pero, definitivamente, el locutor, que todavía no se ha percatado de que alguien ha entrado y lo está observando, está en el aire.
Por unos momentos me pregunto cuántas personas pueden estar escuchando ese programa, si habrá alguien que sintonice el programa de un locutor desconocido, en una emisora desconocida que se encuentra a las afueras de Barcelona. Inmerso en la penumbra de la sala me inunda un sentimiento de soledad que, de ser yo quien condujera la emisión, me obligaría a apagar resignado la única luz encendida de la oficina e irme a mi casa apesadumbrado por el aparente fracaso.
Paradójicamente, traigo un obsequio para este locutor, un presente de parte de una de sus oyentes y admiradoras. Paradójicamente el presente que le entrego y mi ropia presencia, alegran al solitario locutor, del mismo modo que él, desde su soledad, está alegrando a miles de oyentes con su programa.

lunes 10 de marzo de 2008

Mañana de elecciones

Sin mochila, sin desayuno, sin haber hecho los deberes, sin llevar un solo cromo que poder intercambiar, sin las canicas, sin la bata, sin las deportivas, sin rodilleras, sin la abuela agarrando mi mano. Aparco el coche enfrente de la puerta; zapatos negros, tejano, jersey de cuello alto negro y abrigo largo gris. Guardo las gafas de sol en un bolsillo e intento descubrir a algún conocido, alguno de esos amigos que solía encontrarme los primeros días de escuela.
A diferencia de antaño, la multitud que se acumula a las puertas del colegio, hoy llamado electoral, carece de la emoción del primer día, nadie busca su "muy mejor amigo" al que hace cuatro años que no ve, nadie saca su recién regalado "Gijoe" para alardear ante el resto. Se limitan a un automático gesto de revisar las listas y corroborar que aparecen en ellas para, entonces, entrar directamente, sí,directamente, nadie siente la nostalgia de entrar sólo después de escuchar "el timbre".
Entro sin más, cojo una papeleta cualquiera, la introduzco en un sobre y, así, a la mesa A, en la que hay una urna donde, sin necesidad de sello, puedo echarlo con la seguridad de que llegará a destino hoy mismo.
Ir a votar ya no va acompañado de la ilusión de que puedan ganar o no los míos, ir a votar ya no va acompañado de un sentimiento de duda por si estaré o no apoyando al partido correcto, ir a votar ya no va acompañado de aquel otro sentimiento de orgullo por ser ya mayor. Ir a votar es ahora un pretexto para volver a la escuela del barrio que me vio crecer. Ir a votar es ahora un pretexto para charlar con los vecinos con los que hace ya años que no convivo. Ir a votar es ahora un pretexto para salir a tomar el aperitivo con los míos mientras, en lugar de conjeturar sobre los hipotéticos resultados, conversamos sobre nuestras vidas cotidianas, sobre esos aspectos rutinarios olvidados por aquéllos a los que, minutos antes, hemos dado nuestro apoyo en forma de voto.

sábado 1 de marzo de 2008

Los últimos días del Edén

Hace un par de días Hoteles Jale se sumaba al conjunto de empresas relacionadas con el sector inmobiliario que se han declarado en suspensión de pagos en las últimas semanas. La empresa, cuyo negocio principal es la promoción inmobiliaria, aumentó probablemente en exceso su apalancamiento con la adquisición de Incosol, el conocido complejo médico-hotelero de Marbella, y ante una coyuntura financiera como la actual, tal endeudamiento se ha convertido en una pesada losa para la compañía.
A tan solo una semana de las elecciones, el número de empresas del sector inmobiliario en situación concursal parece escaso para lo que podría llegar a ser. Uno tiene la sensación de que, a partir del próximo domingo, las noticias de inmobiliarias que entren en suspensión de pagos se van a convertir en habituales y diarias. Hasta el momento, los favores políticos pueden haber supuesto que las mayores entidades bancarias anuncien renegociaciones de deuda con muchas de las sociedades amenazadas por el tamaño de su pasivo, pero estos favores tienen una fecha de caducidad, veamos qué ocurre a partir del próximo 9 de marzo.

domingo 24 de febrero de 2008

Viviendas y patatas

A mediados del siglo XIX Irlanda sufrió una galopante crisis que sumió al país en la más absoluta miseria. En ella radica la razón por la que miles de irlandeses dejaron el país y se establecieron en diferentes rincones del mundo. Fueron un millón los que decidieron emigrar y un millón más los que perecieron debido a la hambruna.
Por aquel entonces, la población tenía como elemento principal de su nutrición la patata, y una plaga que afectó al tubérculo provocó que los irlandeses vieran desaparecer su principal sustento. La patata empezó a escasear, y su precio a subir. Lo curioso del asunto es que, cuanto más subía el precio de la patata, más lo hacía su demanda, dicho de otro modo, la elasticidad precio de la demanda era positiva.
Los economistas tomaron esta situación como ejemplo para definir los denominados bienes Giffen, caracterizados porque su demanda sube al aumentar el precio, bienes que a muchos les cuesta creer que puedan darse en la realidad y los consideran meramente teóricos.
Hoy, tomando una deliciosa Murphy’s, he recordado la llamada “Crisis de la patata” irlandesa. Durante centésimas de segundo mis ojos se han dirigido hacia un cartel que había sobre un balcón de la cera de enfrente que rezaba “en venta”. Habrá sido obra del subconsciente, ya que durante el siguiente trago me he preguntado: “¿Por qué aumenta en los españoles ese sentimiento de necesidad de comprar una vivienda cuando los precios se incrementan de un modo tan desproporcionado y antinatural?”
Uno no es dado a la bebida, será por eso que le bastan un par de stouts para llegar a ser capaz de mezclar viviendas y patatas.

lunes 18 de febrero de 2008

Los Hoyt

¿Cuántos de vosotros serías capaces de nadar 4 km, salir del agua y agarrar una bicicleta para pedalear durante 180 km y acabar la jornada deportiva corriendo una maratón? En eso consiste el "Ironman", una competición que pone a prueba la resistencia de auténticos superhombres.
Dick y Rick Hoyt , padre e hijo, participaron en una de las ediciones de Ironman. Esta pareja australiana demostró al mundo de lo que es posible el ser humano, emocionó al mundo llevando hasta el extremo una demostración de esfuerzo, superación, motivación y... amor. Y es que Dick, con más de 60 años, quería que su hijo fuera también un superhombre, un superhombre capaz de superar los 4 km a mar abierto, un superhombre capaz de recorrer 180 km en bicicleta, un superhombre capaz de completar una maratón, un superhombre, sí, pese a sufrir una discapacidad que le tiene prostrado en una silla desde su infancia.
Las imágenes son sobrecogedoras. Muchos pensaréis "¿Y para qué?". Fijaos en la alegría del muchacho al cruzar la meta convertido ya en superhombre empujado por su superpadre, he ahí la respuesta.

jueves 14 de febrero de 2008

Próxima parada...

Cierro la puerta del coche y salgo corriendo echando un nuevo vistazo a mi reloj: estoy a punto de perder el avión.
Corro a una de las entradas de la Terminal B de "El Prat". Esperar a que la puerta giratoria permita mi entrada se me hace eterno. Una vez dentro subo corriendo en dirección al control, ya he obtenido la tarjeta de embarque en casa.
Saco el portátil de la funda, me quito el abrigo, la americana, el cinturón, el reloj. Meto también en la bandeja el móvil, las llaves, las monedas. El arco no tiene piedad: pita. Me instan a quitarme el calzado, no tengo tiempo para protestar, me descalzo resignado y paso, esta vez sin problema.
Devuelvo todo a su lugar y corro hacia las pantallas que indican la puerta de embarque. Entre las salidas inminentes no aparece por ningún lugar mi vuelo, ¿lo habré perdido ya? No, es imposible, aún faltan 7 minutos para la salida.
En el primer mostrador de Aena me informan de un retraso, el avión todavía no ha llegado, levantarme a las 6 de la mañana no ha servido de nada. Voy al mostrador de la aerolínea a ver si averiguo algo más y sí, lo hago: el primer vuelo de la mañana a Valencia ha sido anulado, pueden colocarme en el siguiente (4,5 horas más tarde) o ir vía Madrid. Miro el reloj, ya no llego a coger el tren, tengo que resignarme y correr hacia la puerta de embarque del vuelo que ya se está cerrando para Madrid.
Ya en vuelo, empiezo un libro que me regalaron hace unos días y del que hablaré pronto. Todo parece encauzarse tras los momentos de nerviosismo iniciales. Se disipa ligeramente la indignación por tener que recorrer media España para ir a un destino tan próximo, "Son cosas que ocurren", me digo a mí mismo. Horas más tarde tendré que decirme lo mismo cuando, siendo imposible volver en avión tenga que volver a correr del aeropuerto de Manisses a la estación de trenes de Valencia para poder llegar a dormir a casa.

domingo 10 de febrero de 2008

Sueños

Hay ocasiones en las que nos despertamos con la sensación de haber tenido un sueño increiblemente real, ocasiones en las que, ya despiertos, comprobamos cómo se prolongan las palpitaciones, cómo tarda unos minutos en desaparecer la sonrisa.

La sensación tras haber asistido a la edición de este año de "Il Ballo del Doge" es similar, salvo que al revés, es decir, haber vivido una experiencia con la sensación de que no haya sido más que un sueño, un extraordinario sueño.

Todavía no he recibido las fotos de esa noche, en la que cámara, móvil y reloj se quedaron en el hotel. Esta semana, presumiblemente, recibiré algunas, y con ellas, colgaré una breve crónica de la fiesta.

miércoles 6 de febrero de 2008

Conductor suicida

- ¿De qué color estaba el semáforo? - me pregunta un agente tras haberme hecho detener a base de señas con el brazo y pitidos con su silbato, y haberme obligado a realizar una maniobra prohibida para aparcar en el lugar indicado.
- En ámbar.
- ¡Ah! ¡En ámbar! ¿Seguro?
- Sí, agente.
- Muéstreme los papeles del coche y su permiso de conducir. ¿Ud. no sabe que cuando el semáforo está en ámbar hay que detenerse?
- Sí, agente, pero, dadas las circunstancias, si intentaba detenerme en los escasos cinco metros que me quedaban corría el peligro de ser embestido por el vehículo que ha empezado a acelerar tras de mí.
- Ya, ya. Entiendo que me responda eso, pero si no se ha parado entonces, debería haberse parado justo después del paso de peatones, tal y como dice el código.
- Lo hubiera hecho sin duda si hubiera un cruce, agente, pero ese semáforo es sólo para permitir el paso de peatones, aquí no hay ningún cruce y, como deberá comprender, es absurdo detenerse si ya se ha superado el paso de peatones.
- Sí, sí, pero el código es el que es.
Minutos después el guardia urbano detenía la circulación en un tramo de la avenida Diagonal para que yo pudiera volver a realizar una maniobra prohibida y seguir así mi camino. En el asiento del copiloto una boquilla de control de acoholemnia usada y el recibo de una multa, mi primera multa.
A escasos metros del lugar del crimen, un semáforo se ha puesto en ámbar, mi pie ha pisado el pedal del freno instintivamente, tras de mí un todoterreno ha chirriado al no esperar mi frenada, por el carril de mi derecha, con el semáforo ya en rojo, he sido adelantado por un motorista, un motorista de la guardia urbana que, muy probablemente, era el mismo que me había multado segundos antes.