sábado, 26 de diciembre de 2009

Abstracción

Suena el concierto para piano y orquesta nº 2 de Rahmaninov mientras mi vista se clava en las gotas que golpean con fuerza el gres de la terraza hasta nublarse por completo. Immerso en un viaje sin origen ni destino, creo adivinar vagas imágenes pasadas, todas ellas inconexas, todas ellas enlazadas a través de una línea atemporal que salta de pasado a futuro y viceversa sin detenerse en el instante presente, ése en el que el sonido de la lluvia acompaña al de la música o quién sabe si es al contrario.
En ese deambular me seducen melodías y paisajes completamente desconocidos que inmediatamente se convierten en ambientes que resultan familiares. De aquí para allá y de allá para aquí, sin detenerse dos veces allá ni tampoco aquí. Subo al tren de Zhou Yu, en el que coincido con aquél niño que mentía diciendo que viajaba a menudo en tren, niño que al instante muta el rostro y me pregunta si ese tren lleva a la casa de Nematzadeh. Y quién sabe a dónde lleva ese tren...
Y el niño que decía que viajaba a menudo en tren vuelve a ver a las señoritas de las esquinas, y por esas esquinas corretea Avijit cámara en mano.
Bajo en un barrio gris en el que no tardan en darme un folleto de propaganda que tomo con mis manos arrugadas, "Siente a un pobre en su mesa", reza. Apoyo mi bastón y camino con dificultad con el mismo e indefinido rumbo que me ha llevado hasta ahí. Una niña oculta bajo un enorme sombrero mejicano me roba una sonrisa cuando pasa correteando delante mío. La sigo con la mirada hasta que se pierde entre las callejuelas.
Lanzo mi bastón y empiezo a correr, ya sin arrugas en mis manos, tras un muchacho que parece saber a dónde va. Lo persigo sin aliento por las mismas calles grises, que se tornan en tierra y más tarde en arena hasta llegar a la orilla del mar. Allí, mientras él, exultante, mira el horizonte, yo vuelvo a escuchar de fondo a Rachmaninov y a contemplar el golpeteo de la lluvia contra el gres de la terraza.