
Hoy se han dado a conocer los datos del paro correspondientes al período de verano, curiosamente la línea seguida no ha sido la esperada para unos meses tradicionalmente de aumento en las contrataciones, sin embargo, dicha línea sí ha sido la esperada dado el entorno actual.
Ante la caída en la promoción de obra privada y el amenazante descenso del turismo, estos datos se presumían previsibles, y ya se dieron a conocer medidas como un notable aumento de la inversión pública en obra civil a modo de contrarestar el descenso de volumen de negocio en la edificación.
Al mismo tiempo, y para mayor sorpresa, Fincas Corral, una de las mayores inmobiliarias del país, anunciaba el cierre de la mitad de sus oficinas, unas 180 oficinas que daban trabajo a varios cientos de personas.
Dudo que el negocio inmobiliario llegue a su fin, como se empeñan en hacernos creer esta nueva hornada de pseudo-periodistas que ya no sólo hayan trabajo en Telecinco o Antena3, tan solo está en proceso de cambio el tipo de explotación del negocio. Desgraciadamente, este tipo de explotación, que aquí parece haber entrado en declive, quiere exportarse a gran escala por los que no han tenido suficiente con enriquecerse desproporcionadamente en a penas 6 años. De ese modo, ya se anuncian bajo el título de "perfecta inversión" nuevas promociones en ciudades como Budapest. El resultado, de ser positivo para estos chapuzas a domicilio venidos a más (no hay que esconder que es este el origen de la mayoría de promotores españoles), puede ser un gran desastre para las familias húngaras, y es que de aumentar la inversión extranjera en esta materia, el precio de "sus" viviendas recibirá una fuerte presión al alza, aún si tales viviendas ocupan 2/3 de Budapest y se encuentran cerradas.
Los españoles han visto multiplicarse el precio de la vivienda en los últimos años, cuando al menos se creían ya punteros en el seno de la Unión, los húngaros (y vecinos) pueden ver como el incremento de precios se da antes de que el país vea mejorar notablemente sus condiciones de bienestar, pueden ver como sus esperanzas de crecimiento se diluyen al comprobar que lo único que mejora es eso a lo que llaman PIB, eso que uno sólo puede entender cuando su familia ha adquirido ya un cierto nivel de bienestar, ha recibido una mínima educación y ha crecido, aunque modesto, en un hogar.