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sábado, 20 de febrero de 2010

2666, Roberto Bolaño

Publicada en 2004 como novela póstuma de Roberto Bolaño, 2666 es una obra dividida en cinco partes aparentemente independientes que encierran una, en ocasiones, ligera relación a través de sus elaborados personajes.
Alrededor de la figura del escritor Benno von Archimboldi, se desarrolla una trama en forma de cinco recortes inconexos con una relación entre ellos que parece más notoria de lo que en realidad es y que incluso, una vez completada la lectura, da sensación de ser todavía más importante. Así, a través de cinco tramas diferentes, el autor utiliza la figura del ficticio escritor para conducir al lector por diferentes rincones llenos de profundidad psicológica que encierran un trasfondo de aguda crítica de hechos y situaciones reales, a través de meras fotografías.
Se barajó en su momento la posibilidad de que cada una de las partes fuera publicada de modo independiente, por indicación del propio Bolaño. Por suerte, esa opción fue desestimada por su editor y se optó por una única publicación. De lo contrario, 2666 no hubiera sido más que una "pentalogía?" que personalmente no hubiera completado jamás, debido a la calidad desigual de las partes que la componen. En conjunto, sin embargo, es una novela absorbente, que genera un interés, por momentos, paradójico, al engancharse a la lectura de algunos de sus fragmentos simplemente por la forma esperando que el fondo mejore con el transcurso de las páginas.
Queda la duda, después de la lectura completa, de si el resultado es producto del genio de su autor, o, por el contrario, se trataba de un esbozo prácticamente al completo que editores y "cazatendencias" han perfilado y retocado hasta ofrecer la novela actual. En cualquier caso, el resultado es más que interesante, una óptima opción para incorporar a la biblioteca personal.

viernes, 24 de abril de 2009

Mis libros de Sant Jordi


"2666", de Roberto Bolaño, y "Botchan", de Natsume Soseki. La opinión sobre los mismos llegará algún día.

domingo, 12 de agosto de 2007

"Tokio blues", Haruki Murakami

Tras quedar extasiado con "Kafka en la orilla", del mismo autor, no es extraño que el lector busque encontrar el mismo placer en otras de sus novelas.
"Tokio blues" nos hace sobrevolar sobre la vida cotidiana de un muchacho y su círculo más próximo, personajes con psicologías absolutamente diferentes, llenos de matices capaces de aproximarlos perfectamente a la mente del lector, quien no sólo descubre una radiografía de unos personajes en un momento determinado, sino una fotografía de una época, de un lugar, de una sociedad.
Una historia de maduración personal donde juegan un papel protagonista la amistad y el amor, tal vez por momentos Toru Watanabe recuerda demasiado a Holden Caufield en "El guardián entre el centeno", aún así, ver las consecuencias sobre personajes similares de sociedades tan diferentes como la americana y la japonesa resulta absolutamente enriquecedor.
He aquí, pues, otra de mis recomendaciones para este verano, posiblemente no tan entusiasmada como la del anterior libro mencionado de Murakami, pero, en cualquier caso, una novela capaz de enganchar al lector desde la primera página.

jueves, 14 de junio de 2007

El negocio de los libros, y el del periodismo

Empieza a inquietarme la sinrazón creada entorno a la participación o no de determinados escritores como miembros de la expedición catalana a la feria del libro de Frankfurt del próximo octubre. Resulta curioso el eco que se han hecho los medios de comunicación de este hecho, que si acudirán escritores de segunda, que si los "castellano-escribientes" han sido excluídos por razones políticas...
Todavía resulta más sorprendente cuando la mayoría de catalanes y españoles ni siquiera tenían noticia de la existencia de esta feria hasta la invitación catalana, es decir, la repercusión de la feria en nuestra esquina ha sido mínima para el gran público. Pero claro, es el gran público el consumidor de periodismo de vanguardia, ése que se recrea en el morbo y que busca la pelea fácil (sí, ése del que Pedro Piqueras se empeña en convertirse en gurú, me lo imagino devorando los "The Sun" o "Daily Mirror" cada mañana ávido de progresar rápidamente en su cometido) y, por lo tanto, las palabras "Cataluña" e "internacional" han de ser aprovechadas hasta exprimir la última gota posible de polémica.
Veamos, ¿a quién le importa una feria profesional dirigida a y por editoriales? Se está vendiendo equivocadamente la idea de que se va a exportar la cultura catalana y todo el mundo va a conocer a nuestros artistas. Nada más lejos de la realidad, primero que cultura es un término demasiado amplio, una feria del libro incluye una pequeña parte, llámese literatura, por decir algo. Segundo, que una feria editorial, y por tanto una feria profesional, enfoca sus objetivos en las ventas, y las ventas no tienen que ir de la mano con la literatura (preguntemos a la frustrada "consellera" de cultura balear María de la Pau).
Me sorprendería que alguno de vosotros, es más, que alguno de los que están enzarzados en la polémica, haya siquiera hojeado un libro de algún autor indio traducido fruto tan solo de la anterior invitación a India en la pasada edición de la feria y completamente desconocido antes de la misma. Es más, las editoriales nacionales se hicieron un eco ensordecedor de tal invitación, valga la prueba de que las estanterías de la Fnac están plagadas de libros de autores indios desde entonces.
No soy editor, por ello, esta feria no me interesa en absoluto, y me molesta que quiera venderse algo que no existe, tanto por parte de los responsables catalanes, como por parte de los críticos con ellos. Al fin y al cabo, esto se trata de que vayan cuatro representantes de nuestro folklore (perdón por la expresión, pero así aprovecho el germanismo) para rellenar los actos protocolarios y dejar después a los empresarios que hagan su trabajo: ganar dinero. Si hay algún romántico que se exclama con estas afirmaciones basta decirle que allí, el representante del gobierno alemán que va a recibir a la comitiva catalana no va a ser otro que el Ministro de Finanzas, ni en eso aparece la palabra cultura.
Finalmente, entiendo que uno pueda entender la cultura catalana como toda aquélla llevada a cabo desde Cataluña. Ahora bien, si esto es una feria de libros, ¿por qué este empeño por considerar literatura catalana a "Sin noticias de Gurb"? La literatura catalana es la escrita en catalán, lo otro es literatura castellana escrita en Cataluña (como podría haberlo sido en cualquier otra comunidad).

domingo, 22 de abril de 2007

Viajes por el Scriptorium, Paul Auster

La última novela de Paul Auster se inicia perfilando a un personaje aislado en una habitación. Una rápida asociación de ideas nos recupera la imagen de Gregorio en "La metamorfosis", pues Mr. Blank parece ser víctima también de una extraña enfermedad.
Sin embargo, unas páginas más y la metamorfosis de Mr. Blank consiste en convertirse en el acusado Joseph K de "El proceso". Sometido a un proceso desconocido, Mr. Blank se pregunta cuáles son las razones que le han llevado a estar recluido en una aislada habitación.
Esta última asociación puede hacer recelar a aquéllos quienes, como yo, tienen a "El proceso" como uno de sus libros favoritos. Y es que "Viajes por el Scriptorium" carece de esa intriga, no da esa última vuelta de tuerca tan acertada capaz de convertirlo en una novela esencial. A penas deja lugar para elucubraciones, para la sorpresa, pues en escasas páginas es complicado trasladar a la mente del lector el drama psicológico del protagonista, sus dramas, preguntas y temores.
En cualquier caso, vemos desfilar algunos de los protagonistas de las anteriores novelas del autor que deambulan alrededor de la figura del protagonista. Una vez más, Auster tiene algo que decir en primera persona, me gusta ese tono de egocentrismo que lo hace introducirse siempre de un modo u otro en todas las tramas y lo dice con el estilo que tanto nos ha atraído en otras ocasiones.
Tiene Ud. razón Sr. Auster, siempre va a estar vivo mientras existan sus personajes; pero, ¿se da cuenta que si fuera por esta novela, no habría ningún personaje capaz de hacerlo perdurar en el tiempo?

sábado, 24 de marzo de 2007

"Kafka en la orilla", Haruki Murakami

Posiblemente el no ser un asiduo de la sección de cultura de los periódicos era el motivo por el que desconocía la popularidad de este ejemplar, recientemente publicado en castellano, o del propio Murakami.
Por suerte, la casualidad me brindó la oportunidad de echarle un vistazo. En principio debía de tratarse de una mera ojeada, sin embargo, las primeras páginas llamaron mi atención más de lo esperado. Completamente absorvido por la historia y el modo en que es contada, fue difícil despegarse del libro más que para dar alguna cabezada.
Más allá de la mera historia de un muchacho que huye de un hogar que ya no es el suyo, de un padre a quien detesta, la novela aglutina una serie de personajes de características absolutamente dispares que permiten dar una profundidad de temas inusitada. En "Kafka en la orilla" tiene cabida una historia de adolescencia, una historia de marginación social, de desarraigo de este mundo, de sexualidad, de madurez, policíaca, de aventuras, de misterio. Todo ello mezclando realidad y sueño, creando un clima de incertidumbre que acaba introduciendo al lector en un mundo donde un anciano marginado por su supuesta deficiencia mental es capaz de entablar diálogo con gatos, donde un basto camionero aprende a emocionarse con Beethoven, donde la lluvia no necesariamente es sólo agua, donde los recuerdos y los fantasmas son parte del presente y la realidad.
Imposibe negar que ha sido una lectura apasionante, como ya avanzaba en un post anterior, y que recomiendo fervorosamente. No os dejéis amedrentar por su aparente extensión, es tan solo una sensación visual.

martes, 20 de marzo de 2007

La chica que fumaba y estudiaba filosofía

El sábado coincidí en un restaurante con el dueño de un conocido prostíbulo de la ciudad. Iba acompañado de una de sus empleadas. Al saludarnos, por mero compromiso, me fijé en los ojos de ella, en su voz. Allí, en el salón, nadie sabía de nuestros orígenes, de nuestras vidas, de nuestra rutina. Tal vez yo mismo fuera también un “pseudo-acompañante” (aunque el término no sea correcto). Nunca se sabe lo que se esconde detrás de una mirada, qué circunstancias la han moldeado hasta transformarla en lo que vemos.
Me vino a la cabeza un personaje del libro que estoy leyendo (“Kafka en la orilla” de Haruki Murakami, libro del que escribiré próximamente). Una joven prostituta que trata de explicar los pensamientos de Hegel a uno de sus clientes. Dice:
“Hegel estipula la llamada “conciencia de yo”. Piensa que el hombre no sólo tiene conciencia de que el yo y el objeto son entidades separadas, sino que, a través de la proyección del yo en el objeto, que desempeña la función de mediador, puede llegar activamente a una comprensión más profunda de sí mismo. Esto es, en definitiva, la conciencia del yo.”
(…)
“A ver. Mira lo que te estoy haciendo yo a ti. Desde mi punto de vista, yo soy el yo y tú eres el objeto. Y, desde tu punto de vista, por supuesto, es al revés. Para ti, tú eres el yo, y yo soy el objeto. Y nosotros, en consecuencia, vamos intercambiándonos, el uno al otro, el yo y el objeto, nos proyectamos el uno en el otro y establecemos la conciencia del yo. De una manera activa. Dicho de una manera fácil de entender.”

domingo, 14 de enero de 2007

El curioso incidente del perro a media noche

Como la mayoría de domingos, salgo a la calle endormiscado en busca de algún bollo con que acompañar la taza de leche que el resto de la semana me conformo con tomar aceleradamente, y un par de periódicos para engañarme a mí mismo y hacerme creer que me preocupo por estar al día.
Esperando que el semáforo se ponga verde veo pasar uno tras otro tres coches rojos. Sonrío: "hoy va a ser un día bastante bueno". Hace un par de semanas, pensé en esa teoría cuando me pidieron algún título regalable (y es que los famosos Magos no lo saben todo), una de las teorías del protagonista de "El curioso...", Christopher Boone, un niño de quince años que relata los acontecimientos que se suceden tras el asesinato de un perro al tratar él mismo de resolver quién fue el asesino.
Una sencilla trama detectivesca que, tras introducirnos en el mundo particular de un niño que padece algo similar al autismo, apasionado de las mátemáticas y de Sherlock Holmes, nos conduce, a través de sus ojos a contemplar los problemas de comunicación de que adolecen, en general, las personas.
Si viajáis en metro o autobús, la brevedad de los capítulos lo convierten en la competencia perfecta para los recurridos ADN, 20Minutos u otros. En cualquier caso, si ahuyentados por mi pésima reseña, decidís no dedicarle las escasas horas que requiere su lectura, tened en cuenta que podéis estar perdiendo la oportunidad de conocer un personaje próximo a alcanzar la talla de mis admirados Ignatius Reilly o Holden Caulfield.

sábado, 16 de diciembre de 2006

Nick Hornby


Ayer tuvo lugar la presentación del último libro de Nick Hornby en el Instituto Británico: "The long way down".
Hay ocasiones en las que te diriges a algún lugar por azar, podría decirse que mi asistencia al acto siguió ese patrón. Mi lectura de su anterior trabajo ("How to be good"), aun siendo ligeramente placentera, no me despertó especial interés hacia la obra del autor. Aun así, me pareció como si éste, tras "gozar" de una vida convulsa, escogiera detalles y personajes reales de su vida para exagerarlos y caricaturizarlos hasta convertirlos en los protagonistas de una ficticia ficción, o semificción, lo cual, me casusaba cierta atracción.
La imagen del escritor artista contemplando la pantalla de su ordenador a altas horas de la madrugada hasta recibir la inspiración, ya habiendo consumido varias copas de vino o whisky, siempre me ha cautivado. Y, en este caso, ¿qué mejor hora para caricaturizar los detalles más duros de tu vida que la madrugada?
Así fue como llegué allí, a la espera de encontrar un joven bohemio, borracho de éxito y deseoso de volver a ver su novela adaptada al cine con motivo de obtener unos ingresos capaces de permitirle mantener un acomodado y despreocupado nivel de vida. No fue eso lo que encontré.
Diez minutos después de la hora indicada, rompiendo el tópico de la puntualidad inglesa, le veo aparecer. Mis esquemas iniciales se vienen abajo; zapatos negros, desgastados por el uso, tal vez cepillados el día anterior o quizá utilizados para un largo paseo por la ciudad, tejano azul oscuro clásico, chupa de cuero alejada de los cánones actuales de la moda, más próxima a las utilizadas a principios de los noventa. En esa primera imagen, se asemeja a cualquier inglés rondando los cincuenta de clase media-baja, cuya afición por el fútbol y la cerveza y lo maltrecho de su cuerpo lo convierten en la imagen del climaterio de un "hooligan" o un "lager lout".
Se sienta. No puedo dejar de observar su prominente calva. Se deshace de su chupa, el calor es sofocante. Muestra su camiseta negra de manga corta con un logo en el pecho en letras blancas y mayúsculas: "Born to read". No puedo creer que sea él. Tal vez las exageraciones que suponía no eran tales y se trata realmente de una caricatura en sí mismo.
Tras una breve y sosa introducción por parte de un joven crítico, Nick Hornby empieza su primera intervención. Consiste en la lectura de un fragmento del libro. De repente, pierdo de vista su calva, su camiseta, sus maltrechos zapatos, me rescata la pasión con que lee el fragmento, realmente creo estar escuchando al personaje del libro, no tan solo leyendo sus palabras, sino escuchando su voz, viviendo su pesimismo cómico. La sensación es única, pocas veces he oído hablar a un personaje de novela, y nunca con una voz que no fuera la mía. Me olvido de los prejuicios iniciales y asisto a una nueva presentación.
Ante mí, un licenciado por Cambridge, crítico con la sociedad actual y sus patrones de comportamiento, presenta su nuevo trabajo literario: "A long way down". Explica cómo acude día tras día a su oficina, a diez minutos andando de su casa, para trabajar, sigue horario de oficina. Además de sus exitosas novelas también escribe periódicamente para varias publicaciones, sobretodo americanas. Responde a las preguntas del presentador del libro dejando entrever un agudo sentido de humor que más tarde se hace perfectamente visible.
En darse paso al turno de preguntas abierto, la primera intervención deja perpleja a la sala: "Mi desconocimiento del idioma me hace fijarme en otros detalles, en otros aspectos que generalmente pasan desapercibidos. Así, he disfrutado de la musicalidad de su intervención, de las caras de la gente, de las miradas que sucedían a sus palabras, de la iluminación de la sala, de la decoración. Todo ello me ha conducido a plantearle la siguiente pregunta: ¿Por qué motivo está iluminado el panel morado de la izquierda y no lo está el rosa de la derecha?". Tras unos instantes a la espera de escuchar la traducción completa, y otros más de simple perplejidad, Hornby no puede dejar escapar una carcajada.
La segunda intervención no es menos original, la reacción del escritor es: "Me dan miedo las preguntas que podéis llegar a hacerme". Por suerte, a partir de la tercera vuelve la normalidad, y todo ello no ha hecho más que hacernos constatar las virtudes oratorias y, a su vez, la sencillez, del autor.
Concluido el acto, me dirijo a él para obtener una dedicación en mi ejemplar. Me saluda educadamente pero con extrema seriedad. Le doy la enhorabuena por su trabajo y le comento cuánto y en qué sentido ha cambiado mi percepción sobre él. Se alegra, con extremada educación me agradece mi confianza en él y mi asistencia al acto. Satisfecho, me despido, hoy he vuelto a constatar que la mayoría de las personas exitosas en su trabajo, si no todas, deben su éxito no tan sólo a la inteligencia, sino al esfuerzo diario.