Queda lejano el día en que Tuvalu saltó a la fama por la venta del dominio .tv. Sin embargo, la actualidad española en materia de corrupción urbanística/artisteo, me ha hecho pensar en la evolución de tan idílico archipiélago desde aquel olvidado 1998.Los $40 millones cobrados, pese a ser una auténtica ganga, suponían una ostentosa inyección económica para una población de tan solo 11.000 personas. Desgraciadamente para ellos, tuvo que venir el aguafiestas de Al Gore para comunicarles que el suelo sobre el que se sustentaba su pequeña nación tenía fecha de caducidad.
Como es lógico, las autoridades locales, empezaron a preocuparse por conocer en qué consistía realmente eso a que llaman calentamiento global. De este modo, constataron que en un período inferior a 20 años, sus serpenteantes islitas se zambullirían definitivamente en las aguas del Pacífico.
Menudo sobresalto, habría que buscar aposento para varios cientos de familias poniéndose en contacto con los lejanos vecinos australianos y neozelandeses. Bueno, debieron pensar algunos, es cierto que la evacuación es obligada, pero... todavía quedan unos añitos de bonanza.
De este modo, algunos avispados, aprovecharon los ingresos de "aquéllo del .tv" para modernizar la isla. Sí, el que puede, puede. Así que en poco tiempo, se asfaltaron carreteras, se construyeron viviendas, hoteles o aumentó súbitamente el número de vehículos (que era anteriormente de 4, tal como suena). Curiosamente, los impulsores eran governantes o familiares de los mismos, quienes regentaban los hoteles, vendían los automóviles, construían los edificios o, incluso, eran dueños de las gasolineras.
Es una lástima perder un país con una infraestructura completamente nueva; con lo que se han esforzado sus dirigentes por colocar el país en la órbita mundial, posicionándose incluso vehementemente a favor del protocolo de Kyoto. Al menos esos governantes no actuarán como honrados capitanes hundiéndose con su nación, al menos tendrán la posibilidad de desembarcar en Nueva Zelanda o el país que les plazca (el dinero es como una llave maestra), a diferencia de sus otros 10 mil y pico compatriotas, quienes ya son rechazados en Australia y deben cumplir ciertas condiciones para viajar a la Tierra Media.