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jueves, 4 de octubre de 2007

Un adiós esperado

8 de la mañana. Conducía por eso a que llaman l'Horta de Lleida, bajo un perezoso cielo que, como yo, no acababa de despertar. La radio iba de una a otra emisora cuando, sorprendido, me parece identificar la sintonía del programa Hora 25, programa que se emite regularmente en la Ser a las 22 horas.
En efecto, no es un error, la voz entrecortada de Carles Francino, se esfuerza por camuflar su llanto y anunciar la muerte de Carlos Llamas, periodista que había conducido durante años Hora 25. A los 52 años, Llamas ha muerto víctima de un cáncer contra el que llevaba ya mucho tiempo luchando.
No voy a ocultar que me gustaba el modo de hacer periodismo de este profesional, pese a no comulgar plenamente con sus ideas o con las de muchos de los componentes de su equipo. Su frescura, su forma directa de afrontar la información, su coraje después para afrontar la vida, todo ello lo convertía en un excelente comunicador que, desgraciadamente, queda ya tan solo en nuestra memoria.
El periodismo español está, o debería estar, de luto, independientemente del grupo empresarial al que se pertenezca. Los oyentes, aún los ocasionales como yo, también. D.E.P.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Cuestión de audiencia

Hoy se lee en la edición digital de El País, esa que cuenta las visitas como el PP a los manifestantes (de sus manifestaciones, por supuesto), que el periódico aventaja más aún a sus perseguidores según el OJD.
El periodismo, al menos el que se encuentra bajo el paraguas de una gran empresa, y al menos en este país, sigue una vía paralela a la de la política, es decir, abocada a cansar a la audiencia y a desencantarla. Uno puede leer que El País está por delante del resto de periódicos y estar de acuerdo, es más, no dudo que así sea. Sin embargo, ¿qué fiabilidad tiene un medio como el OJD tan fácilmente falseable?
Veamos un ejemplo. La multinacional X S.A., no por llamarse X relacionada con la industria del porno, contacta con el periodista P. La intención de X S.A. es que P publique un artículo en su periódico explicando lo estupendos que son en esa empresa o simplemente aclarando un malentendido que pudiera perjudicar a la dimensión de sus beneficios. P, que ya está acostumbrado a los recados, piensa en el modo en cómo podría redactar la información para darle credibilidad y, tras meditar unos instantes, acepta el encargo con ciertas condiciones. Y es que P rechaza la cantidad económica ofrecida por X S.A. a cambio del artículo; P propone que, en lugar de dinero, el pago se efectuará mediante un número determinado de suscripciones al periódico, cuyos ejemplares se encontrarán así en elevado número y en todas las oficinas de X S.A.
Podría ser también que P tuviera que publicitar un evento, por ejemplo un salón internacional del automóvil. Conociendo su altruismo y a sabiendas de su pasión por los coches, no sería descabellado que no cobrara la publicidad, que se conformara como contrapartida tan solo con unos cuantos miles de suscripciones durante los escasos días que durase el evento.
En definitiva, es absurdo que se intente vender que los lectores de periódicos tradicionales (refiriéndome a de pago) crecen indefinidamente, pues las ventas reales, las que se llevan a cabo en el quiosco, no hacen más que disminuir. De ahí que las fórmulas se hallen por ejemplo en las suscripciones a empresas, salones, etc.
A nivel de anunciante, en definitiva el que da de comer al periódico, o debería, yo dudaría de estas estimaciones de audiencia. Me explico, yo, anunciante del producto R, encargo un estudio de mercado del que obtengo que el perfil de las personas que van a comprar mi producto coincide en muchos aspectos con el de los lectores de El Mundo/ El País y el de los espectadores del programa DDL (las siglas son aleatorias, no perdáis el tiempo). Si observo las audiencias, compruebo que, si bien el periódico tiene una audiencia según el OJD algo menor, sus lectores coinciden plenamente con el perfil que requiero, mientras que los espectadores de DDL pueden mostrar cierta dispersión; por lo que puede ser aconsejable decantarse por invertir más en la campaña de la prensa escrita. ¿Qué ocurre si un elevado porcentage de esa audiencia ha obtenido el ejemplar de forma gratuita en una feria pensando al aceptarlo "A ver que dicen estos mentirosos de El Mundo/ El País"? ¿Es la campaña igual de efectiva?
En fin, voy a echar un vistazo al ejemplar de El ... que he cogido hoy de forma gratuita en la universidad.

sábado, 19 de mayo de 2007

White ants

"Hormigas blancas, el pasado siempre vuelve" es otro más de esos programas de éxito que proliferan en nuestro país aprovechando el tirón de eso a lo que llaman "corazón". Consiste en hablar del pasado de personajes populares tratando de descubrir aspectos escabrosos o simplemente morbosos de su vida.
¿Cuál creéis que es el personaje elegido para este post? El caso es que la idea del programa es fácilmente exportable, e igualmente fácil de aplicar en personajes de toda índole. Nos alejamos, pues, de España y de la farándula (los que pensárais en Isabel Pantoja habéis perdido). Nos desplazamos hasta EE.UU., ese país donde dicen que los medios de comunicación son tan extraordinarios.
¿Quién puede ser una vez allí el sucedáneo de Jorge Javier y de la cadena Telecinco? Reconozco que ésta es ya una pregunta difícil, premio gordo para el acertante. La respuesta es... ¡The New York Times! Sí, un tal Michael Barbaro firma un artículo (leer aquí) en el que se recupera el pasado de... ¡Hillary Clinton! a propósito de su participación en el consejo directivo de Wal-Mart, esa importante cadena de supermercados americana conocida por su política de reducir costes a base de olvidarse del medio-ambiente o de que sus empleados son personas.
La política ya no es lo que era, su tratamiento cada vez se aproxima más al que se hace de las peripecias de la mismísima Ana Obregón. Los propios políticos empiezan a comportarse como perfectos "famosos". ¿Se trata de una degradación de la política? ¿O es tal vez una estrategia dirigida por los políticos para alcanzar datos de audiencia tan suculentos como los de "Aquí hay tomate"?