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lunes, 13 de abril de 2009

Nocturnidad I. Varsovia

Deambulas sin rumbo por las anchas calles de una ciudad desconocida. Tus zapatos hacen una y otra vez ademán de deslizarse sobre el hielo cuando la vista se nubla e impide que continues sobre la ya pisada nieve. El termómetro de la desierta plaza que cruzas indica 12 grados negativos, y el reloj te recuerda que todavía no son las 9 de la noche.
Buscas un bar en el que cobijarte, en el que mezclarte con otros que, como tú, han acabado ya su jornada. Todos desiertos. Continuas andando dirección al casco viejo, tratando de dejar atrás la acechante torre que domina la ciudad y que parece estar presente en todos sus rincones.
Son ya más de las 10, entras en una pequeña taberna en la que a penas hay 4 clientes que, inmediatamente, clavan la mirada sobre ti, saludas y tomas asiento. La carta, escrita en lengua desconocida, no es de gran ayuda, la dejas a un lado y pides que te traigan lo que vaya más acorde con el tiempo.
Es 20 de enero; mientras entras en calor tomándote una contundente sopa, descubres, en una más que rudimentaria conversación con el resto de clientes, que la decoración navideña que tanto te ha sorprendido encontrar no será retirada hasta carnaval, que las calles permanecerán iluminadas y los avetos engalanados todavía algunas semanas.
La media hora que te separa a pie del hotel se te hace eterna, el frío se ha recrudecido, la nieve que pisas parece traspasar la suela de tus mediterráneos zapatos. En unos días, la temperatura de tu cuerpo alcanzará los 39 grados, pero, esta noche, sonríes.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Shopping in Tokyo

Ir de compras no es una afición sana, y menos en los tiempos que corren. Sin embargo, de darse la oportunidad, es absolutamente recomendable salir a dar una vuelta por las calles comerciales de Tokyo.
Tal vez no sea posible llenar el carro en Dior, Chanel o Prada, pero uno estará encantado de contemplar edificios diseñados por SANAA, MVRDV o Herzog & de Meuron mientras es saludado y reverenciado con una sonrisa por el personal de la tienda.


jueves, 28 de agosto de 2008

Museo de arte contemporáno de Kanazawa

Saliendo de uno de los que dicen que forman parte de la terna de jardines más bellos del país, y bajo un sol hiriente de mediodía, encontraba una nueva sorpresa, el Museo de Arte Contemporéneo de Kanazawa.
El edificio, de aspecto ligero, tiene una configuración en planta en forma de círculo que alberga una serie cubos en su interior. Se trata de un diseño del despacho de arquitectos SANAA, creado por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, a quienes, a pesar de su fama, todavía no conocía. En su interior tuve también oportunidad de contemplar la exposición de esculturas hiperrealistas de Ron Mueck, algunas de las cuales son extraordinariamente sobrecogedoras.
Entre las imágenes, además de las propias del edificio, incluyo las de la piscina interior, fotografiada tanto desde la superficie y como desde el fondo.

domingo, 27 de julio de 2008

De vacaciones

A menudo voy pensando en una entrada en el trayecto hacia la oficina que, más tarde, no encuentro un hueco para escribir. De ese modo, el blog va quedando aparcado paulatinamente hasta convertirse en un mero recuerdo del divertimento que en su momento fue.
Mañana empiezan mis vacaciones, durante 3 semanas puedo colgar el cartel de "cerrado por vacaciones" sin achacar mi pereza bloguera al horario, a las inclemencias del sector o a la necesidad de compartir el escaso tiempo libre con los míos.
Muy posiblemente, a lo largo de estas previsiblemente fugaces 3 semanas, halle un momento para escribir alguna anécdota que a lo largo de las mismas pueda acaecer.
Sobre la mesa ya aguarda el pasaporte, el billete de avión. el pase de tren, las reservas de hoteles y una guía con decenas de anotaciones en sus márgenes. A tan solo ya unas horas de distancia... Japón.

miércoles, 2 de julio de 2008

Algunas imágenes más (AIM)

Ahí van algunas imágenes más de la semana pasada:


Edificio GHW tras viviendas de Aldo Rossi
Mamá cisne que no se fía de unos enamorados

Vista desde la azotea del Dome

Atardecer desde la cúpula del Reichtag de Foster

lunes, 30 de junio de 2008

Patrones de Berlín

Sirva como primera entrega de las fotografías del pasado puente de San Juan en Berlín esta muestra de algunos "patrones" que me llamaron la atención, ¿los ubicáis?


domingo, 25 de mayo de 2008

Praga, algunas fotos

El pasado puente de mayo tuve la oportunidad de pasear por la asombrosamente bella ciudad de Praga. Os cuelgo un par de fotos de las muchísimas que hice.

jueves, 14 de febrero de 2008

Próxima parada...

Cierro la puerta del coche y salgo corriendo echando un nuevo vistazo a mi reloj: estoy a punto de perder el avión.
Corro a una de las entradas de la Terminal B de "El Prat". Esperar a que la puerta giratoria permita mi entrada se me hace eterno. Una vez dentro subo corriendo en dirección al control, ya he obtenido la tarjeta de embarque en casa.
Saco el portátil de la funda, me quito el abrigo, la americana, el cinturón, el reloj. Meto también en la bandeja el móvil, las llaves, las monedas. El arco no tiene piedad: pita. Me instan a quitarme el calzado, no tengo tiempo para protestar, me descalzo resignado y paso, esta vez sin problema.
Devuelvo todo a su lugar y corro hacia las pantallas que indican la puerta de embarque. Entre las salidas inminentes no aparece por ningún lugar mi vuelo, ¿lo habré perdido ya? No, es imposible, aún faltan 7 minutos para la salida.
En el primer mostrador de Aena me informan de un retraso, el avión todavía no ha llegado, levantarme a las 6 de la mañana no ha servido de nada. Voy al mostrador de la aerolínea a ver si averiguo algo más y sí, lo hago: el primer vuelo de la mañana a Valencia ha sido anulado, pueden colocarme en el siguiente (4,5 horas más tarde) o ir vía Madrid. Miro el reloj, ya no llego a coger el tren, tengo que resignarme y correr hacia la puerta de embarque del vuelo que ya se está cerrando para Madrid.
Ya en vuelo, empiezo un libro que me regalaron hace unos días y del que hablaré pronto. Todo parece encauzarse tras los momentos de nerviosismo iniciales. Se disipa ligeramente la indignación por tener que recorrer media España para ir a un destino tan próximo, "Son cosas que ocurren", me digo a mí mismo. Horas más tarde tendré que decirme lo mismo cuando, siendo imposible volver en avión tenga que volver a correr del aeropuerto de Manisses a la estación de trenes de Valencia para poder llegar a dormir a casa.

domingo, 10 de febrero de 2008

Sueños

Hay ocasiones en las que nos despertamos con la sensación de haber tenido un sueño increiblemente real, ocasiones en las que, ya despiertos, comprobamos cómo se prolongan las palpitaciones, cómo tarda unos minutos en desaparecer la sonrisa.

La sensación tras haber asistido a la edición de este año de "Il Ballo del Doge" es similar, salvo que al revés, es decir, haber vivido una experiencia con la sensación de que no haya sido más que un sueño, un extraordinario sueño.

Todavía no he recibido las fotos de esa noche, en la que cámara, móvil y reloj se quedaron en el hotel. Esta semana, presumiblemente, recibiré algunas, y con ellas, colgaré una breve crónica de la fiesta.

viernes, 18 de enero de 2008

Cuba: La playa

Sí, estuve en la playa. En un viaje al Caribe es obligado visitar la playa y, aunque un chico de interior como yo no tiene desarrollada la pasión por el mar, hay playas que ablandan a cualquiera.

domingo, 13 de enero de 2008

Cuba: Santa Clara

Por mera curiosidad me detuve en Santa Clara a la vuelta de un día en la carretera. Allí se encuentra el memorial del Ché, donde reposan sus restos mortales.
La imagen de este personaje siempre me transporta a mi infancia, me recuerda un póster que tenía colgado un amigo mío sobre el cabezal de su cama. Yo, a mis 8 años, desconocía quién era aquel militar mal afeitado. Ser del Ché parecía darte un cierto caché, a la vez que te alejaba del grupo que colgaba pósters de otros ídolos como los "New kids on the block". Nunca tuve un póster en mi habitación, no hubo ídolos de infancia, pero confieso que a los 8 años, como ahora, consideraba más fantasioso tener colgada la imagen de un militar político que la de unos niños cantores.
De la visita al memorial hubo algo que me impresionó. No fue ver las armas con las que combatía Ernesto, ni la cartilla con sus notas de primaria, ni tampoco las fotografías de sus viajes para combatir en otros países una vez Cuba ya estaba "revolucionada". Fue, simplemente, que en todo el recinto, no había una sola tienda de souvenirs; ¿no es extrañamente magnífico?
La visita fue fugaz, quise aprovechar para pasear por los alrededores del recinto para comprobar cómo se vivía en la ciudad liberada por el médico argentino. El panorama no reflejaba la sensación de ciudad próspera que la propaganda y el propio memorial indicaban. Las únicas caras felices eran las de unos niños que se deslizaban por una pendiente sobre una hoja seca de palmera a modo de trineo. Sus mayores convivían con el opulento monumento desde las puertas de sus maltrechas chabolas. "¿Han notado Uds. algún cambio en los último años gracias a la construcción del memorial?" pregunté a unos ancianos tras haber intercambiado algunas palabras de cortesía. "Ahí vienen los turistas, se sacan sus fotos y se van. Aquí no baja nadie, nosotros vivimos como hace cuarenta años, no ha cambiado nada." A lo que su compañero interpeló "Bueno, pero tenemos el honor de que el Ché repose aquí."
Unos días después vería una imagen tallada en madera del Ché expuesta en un mercadillo junto a la de otra conocida deidad, y es que todos hemos tenido liberadores en un momento u otro.

jueves, 10 de enero de 2008

Cuba: el transporte

Perderse por las carreteras secundarias de la isla es uno de los mayores placeres que pueden experimentarse en Cuba, si bien uno está sometido, si alquila un coche sin chófer, a la voluntad de los abundantes policías que se reparten por toda la red de carreteras con una densidad inmensamente mayor a la de los mismísimos mossos d'esquadra (y el "impuesto revolucionario" que te imponen, además, puede ser cuantioso).
El primer aspecto que sorprende al viajero es, sin duda, la aglomeración de personas en los arcenes. A lo largo de escasos quilómetros no es extraño encontrarse con centenares de cubanos que esperan pacientemente que algún vehículo los recoja. Los hay que esperan en paradas de autobús, los hay que lo hacen en cruces, en cualquier caso, no circulas un sólo quilómetro sin haber comprobado como cientos de personas ponen de manifiesto un desbordado déficit de transporte público. Para desplazarse de una ciudad a otra, de una villa a otra cercana o simplemente de casa al trabajo dondequiera que éste esté, es necesario hacer lo que ellos llaman "la botella", es decir, auto-stop. De no ser así, no existe modo alguno de llegar a destino que no sea andando, en carro de caballos o en bicicleta. El gobierno ha llegado a contratar un cuerpo especial que se encarga de detener ciertos vehículos para acomodar a los máximos viajeros posibles de los que están en los arcenes esperando transporte. Así, si conduces un vehículo de titularidad pública, que son la mayoría y se distinguen por el color azul de la matrícula, estás obligado a detenerte y subir a cuantos viajeros puedas. Aún así, hallar transporte para tantos autoestopistas resulta imposible, sobretodo cuando, entrada la noche, la mayoría de conductores son reticentes a parar si un guardia no les obliga por el miedo a ser atacados. Ver camiones cargados de personas o automóviles con más de 6 ocupantes es, pues, y por necesidad, algo absolutamente habitual.El gobierno ha realizado una importante inversión de 100 millones de dólares en autobuses chinos que deberán empezar a solventar el problema a partir del presente semestre. Todos los cubanos están a la expectativa del impacto que ello supondrá en su mayor problema cotidiano.
El hecho de fijarse en los "habitantes de la carretera" puede hacer olvidar algo importante: apenas existe señalización. Tanto la señalización horizontal como la vertical son prácticamente inexistentes, con lo que perderse es algo habitual para el turista que ha olvidado su Tomtom. En lugar de señalización, el gobierno cubano prefiere inundar los arcenes de sus carreteras de "paneles informativos", es decir, carteles de propaganda revolucionaria, supongo que a modo de adoctrinar a los centenares de personas que pasan ante ellos horas en no encontrar un medio de transporte que pueda trasladarles. Puede que desconozcas cuántos quilómetros resten para llegar a tu destino, puede incluso que circules por una vía que no sea la que deberías haber tomado, sin embargo, estás seguro de una cosa, el Ché es el ejemplo, la revolución es el camino y Fidel es el mejor pastor.
Por cierto, la verdad es que autocares, haberlos haylos; ¿serán los nuevos autocares de uso exclusivamente turístico como estos?

martes, 8 de enero de 2008

Cuba: paseo por la Habana (II)

Una vez hallada la verdadera puerta a la ciudad todo se torna diferente. La vista se pierde en cada rincón, persigue a cada una de las personas que se cruzan en tu camino. Todos los sentidos empiezan a experimentar diferentes sensaciones individualmente, se mezcla el fuerte olor de los arcaicos automóviles con el aroma de las plantas de los patios interiores, los timbres de las bicicletas con remolque que proveen a algunas tiendas minúsculas con el incesante murmullo de los transeúntes, el rítmico ondear de una bandera nacional con el estatismo de un cartel de propaganda anti-americana, y siempre el tacto del disparador de la cámara en el índice derecho.
El entorno es absolutamente decadente, la fotografía del declive de lo que parece haber sido un importante centro económico colonial, contrasta con la ebullición de sus deterioradas calles. ¿Cómo debía de ser la vida aquí hace 300 años? ¿Las gentes que habitaban en los ahora maltrechos palacios pasearían con sus caros y elegantes vestidos allí por donde ahora lucen sus gastadas y sucias camisetas? Las preguntas se suceden, la imaginación se desboca.



lunes, 7 de enero de 2008

Cuba: paseo por la Habana (I)

Salgo del hotel con intención de callejear por las envejecidas calles de La Habana. Me sorprende la muchedumbre de turistas que caminan al unísono tras una joven mulata qua alza una mano con la que sostiene un paraguas cerrado. Aquí y allá se suceden grupos similares, bien caminando tras su mentor, bien rodeándolo para escuchar sus lisonjeras explicaciones. Algunos, se apartan tímidamente del grupo y hacen uso de sus modernas compactas digitales, sin padecer lo más mínimo por la luz o el encuadre, basta una simple imagen que rece su presencia allí.
A los pocos metros empieza a seguirme un improvisado caricaturista que, andando junto a mí, parece empezar su obra. “No”, pronuncio con un gesto serio. Quiere insistir, pero duda en qué idioma debe interpelarme. Finalmente, se decanta por un “It’s just…”que ni siquiera llega a su fin, dándose así por vencido. Poco más tarde son unas mulatas con vestidos tradicionales a quienes va dirigida mi negativa respuesta, ellas ya ni tan solo tratan de insistir.
Me invade un fugaz sentimiento de decepción, no esperaba encontrarme en una ciudad plagada de turistas, vigilados a escasa distancia por decenas de gaviotas hambrientas. Decido sentirme uno más y desenfundo por fin mi inmaculada cámara, es el momento de estrenarla. Ante mi se alza un ornamentado abeto colocado a las puertas de una Iglesia, una imagen que diluye la débil frontera entre lo religioso y lo pagano, creando un nuevo templo dedicado al agnosticismo. Tal vez Moisés debería romper un par de piedras más, pese a que este vegetal becerro no fuera de oro.
Los abultados grupos empiezan a entorpecerme. Decido darme un chapuzón final entre ellos dirigiéndome hacia la plaza de la catedral. Allí, varios ancianos vestidos con traje antiguo y fumando un ostentoso puro se dirigen por turnos hacia los grupos de turistas al grito de “One photograph, one peso”. Todo es tan diferente a como lo había imaginado… Decido acabar mi baño de multitudes en la famosa “Bodeguita del medio”. De camino me abordan ancianas con puros gigantes, lisiados y vendedores de toda suerte.
Sorprendentemente hay un hueco reservado para mí en la barra, pese a lo atestado del minúsculo lugar. Pido uno de los reputados mojitos que allí se sirven y observo al resto de turistas. “¿De verdad me vas a llevar contigo a Barcelona?” oigo decir a una mulata que se dirigía al chico que la acompañaba. “Cante la canción más típica de Cuba, que la estoy filmando”, decía a su vez alguien en el rincón a la cantante. Doy el primer sorbo a mi vaso. La especialidad de la casa resulta ser asombrosamente decepcionante; clavo mi mirada en dos jóvenes alemanes que tratan de abrirse paso a codazos hasta llegar a la barra. “Hier”, les digo señalando el lugar que yo ocupo, tomo mi cámara y les dejo mi lugar… y mi mojito.
Ya en la calle, miro hacia la derecha, el camino por el que vine, y a la izquierda. Una sonrisa se dibuja en mi rostro, tal vez haya desaprovechado la mañana, pero queda toda una tarde, y, por fin, he descubierto por dónde se entra a La Habana.

viernes, 4 de enero de 2008

Cuba: la llegada

Hace horas que ha oscurecido cuando llego al aeropuerto de La Habana. Allí me espera, apostado sobre la barandilla que protege la puerta de llegadas, un descamisado taxista. Da una última calada a su cigarrillo y, sin soltarlo, extiende el brazo y hace ademán de señalarme con el meñique mientras pronuncia mi nombre.
Tras mi asentimiento, me conduce sin mediar palabra hacia su vehículo. Ambos estamos agotados, aún así, tratamos de entablar una forzada conversación antes de sumirnos en el silencio y la oscuridad de la carretera.
Minutos más tarde, convencidos ambos de haber sido ya lo suficientemente educados, abro la ventanilla del moderno automóvil de origen chino. Deben de ser más de las 23, mi reloj todavía desconoce la hora del nuevo país. Conducimos por una oscura carretera en la que la ausencia de indicadores parece ser indicativa de que nos dirigimos a ninguna parte. Las marcas viarias, si alguna vez fueron pintadas, son absolutamente imperceptibles. Adelantamos a varios vehículos vetustos, preciadas joyas de antaño que hoy emiten un ruido ensordecedor y desprenden una fuerte olor a gasolina que penetra en el habitáculo mezclándose con los restos del aroma del cigarro havano que minutos antes se habría fumado el conductor.
A ambos lados de la carretera deambulan decenas de peatones, allí, en mitad de la nada, con la luna como única farola; parecen desconcertadas almas en busca de la salida del purgatorio. Tengo sueño, demasiado como para interesarme por el destino de esas almas sin rumbo aparente, demasiado como para seguir intentando descubrir un país nuevo en la oscuridad. Subo de nuevo el cristal polarizado de la ventanilla y cierro los ojos.

- ¿Tu primera vez en Cuba?
- Sí.
- Te va a gustar

jueves, 3 de enero de 2008

Vuelta a casa

Acabo de llegar extenuado tras prácticamente 24 horas de viaje. Desde mañana empiezo una breve serie dedicada al viaje con imágenes, anécdotas y curiosidades de mi último destino: Cuba.

viernes, 17 de agosto de 2007

"Impossible is nothing"


Bajo un cielo al borde del llanto observo atónito como decenas de enfermos avanzan en procesión, sobre azules sillas de ruedas, empujados hacia una promesa de curación.
Algunos de ellos adolecen tan solo del mal de la vida, al agolparse sobre sus espaldas posiblemente más de 90 años, otros carecen de extremidades o de sensibilidad en las mismas, los hay que han perdido cualquier noción de realidad y se mueven convulsivamente con la mirada perdida.
Clavo mi mirada en un niño de seguramente más de 50 años. Tras descubrirme se fija en mí temeroso. Los años han hecho proliferar sus canas, han remarcado sus arrugas, pero no han teñido de tristeza sus ojos, anclados definitivamente en una infancia de la que su mente tal vez no haya sido capaz de huir jamás. Extiendo mi mano y, sonriendo lleno de tristeza, le saludo. Mi gesto le dibuja inmediatamente una gran sonrisa que profundiza más aún las arrugas de su rostro. El joven anciano se apresura en responder a mi saludo imitando el mismo gesto y, tras una serie de sonidos guturales llenos de nerviosismo, creo entender: "Au revoir, Monsieur!".
Dudo que la visita a la gruta donde supuestamente se apareció la virgen mejore su estado. Creo imposible que un mero baño en el agua que emana de una fuente subterránea sane su razón maltrecha. Su excursión sería posiblemente un éxito si se saldara con algunas más sonrisas y saludos de desconocidos que no vieran en él tan solo un desgraciado enfermo.
Hoy he visitado el santuario de Lourdes. No he tenido desgraciadamente el placer de contemplar ningún milagro, al menos a simple vista, pues, ¿acaso no es un milagro lo que consiguen los responsables de marketing de la Santa Sede?

lunes, 6 de agosto de 2007

No molestar

Lefkes (Paros), hora de la siesta. El viajero no es consciente de su presencia, pero las desiertas calles y el sonoro silencio de sus rincones (y es que el canto de las cigarras forma ya parte del silencio) hacen las veces de un enorme cartel que reza: "No molestar, hora de la siesta".
Entre esas calles solitarias tan solo encontré este gato endormiscado soprendido por la presencia de una persona a esas horas del día. Educadamente me excusé por la molestia causada y continué mi paseo por la localidad en monacal silencio.